23 de abril de 2024

Ministra de Ciencia y Tecnología: Inteligencia Artificial tiene el potencial de transformar a Colombia

El Ministerio de Ciencia de Colombia ha financiado 54 centros de investigación en IA que «están desarrollando tecnologías en el campo de la salud para la detección temprana del cáncer».

Un mejor monitoreo de la deforestación, fortalecer la agricultura o la detección temprana del cáncer son algunos usos que tiene o podría tener la Inteligencia Artificial (IA) en Colombia y por eso el Gobierno está empezando a estudiar su potencial transformador, explica en una entrevista con EFE la ministra de Ciencia y Tecnología, Yesenia Olaya.

En Colombia hay una «apropiación social» de herramientas de Inteligencia Artificial que vienen de fuera, sobre todo por parte de empresas privadas, pero no hay regulación al respecto y el Gobierno se está poniendo en marcha para legislar.

Algunas empresas colombianas «están haciendo útil el diseño y la creación de algoritmos para poder reactivar ciertos estados de la economía nacional en materia de tecnologías de la información, de sistemas de datos de productividad económica o de reactivar un ecosistema científico orientado a las detecciones tempranas de la deforestación, por ejemplo», explica la ministra.

Hoja de ruta

El Ministerio de Ciencia presentó la semana pasada la «hoja de ruta en Inteligencia Artificial», en colaboración con otras carteras, para reunir a empresas y a la comunidad científica sobre los pasos que debe dar el país.

«La hoja de ruta en Inteligencia Artificial es un proyecto de país que busca que Colombia pueda adoptar desde una perspectiva ética y de gobernanza estas tecnologías, que se convierten también en un catalizador importante para poder generar grandes transformaciones», afirma Olaya.

En ese sentido, la IA puede ayudar «en materia de transición energética, de economía, reactivación o fortalecimiento del sector productivo, así como en proyectos de investigación científica y generación de conocimiento que le apunten a las líneas estratégicas que han quedado en el Plan Nacional de Desarrollo».

El Ministerio de Ciencia ha financiado 54 centros de investigación en IA que «están desarrollando tecnologías en el campo de la salud para la detección temprana del cáncer», por ejemplo, pero también sobre «monitoreo satelital de la deforestación o la recuperación de territorios y cultivos indígenas que han sido afectados por el cambio climático o por el conflicto armado», subraya.

«Tenemos grandes preocupaciones por las problemáticas relacionadas con la reproducción de sesgos de género, raciales, étnicos o de clases que cada vez se profundizan y la hoja de ruta es el espacio de diálogo sobre cuáles serían esos pilares éticos que requiere Colombia para que estas tecnologías puedan garantizar el cumplimiento de los derechos humanos», explica la ministra.

De momento quieren «fortalecer el diálogo geopolítico en materia de regulación de la inteligencia artificial» y apoyarse en la educación.

Eso quiere decir «que desde la primera infancia se desarrollen estrategias pedagógicas que fortalezcan el pensamiento crítico y matemático en la forma como los niños se apropian y perciben la tecnología», destaca.

Por otro lado, «hay que crear una nueva arquitectura del Estado que entienda el uso de estas tecnologías y la importancia para la implementación de los planes de desarrollo», agrega.

Llevar la ciencia a las regiones

En ese debate sobre qué hacer con la IA, el Ministerio de Ciencia también lanzó el año pasado una convocatoria para formar un comité de expertos, a la que se presentaron 1.800 colombianos de todo el mundo.

«El 90% de ellos trabajando, generando investigación en los mayores centros de inteligencia artificial en el mundo», explica Olaya, y agrega que «eso es importante porque nuestra diáspora de científicos se convierte en un puente de articulación de Colombia con el mundo para poder fortalecer la investigación científica y los programas que va a desarrollar el Gobierno».

A eso se suma la decisión del Ministerio de «territorializar» la ciencia y que las comunidades científicas dialoguen con las locales.

«Partimos del hecho de que no existen voces autorizadas en la ciencia como en ninguna otra área de conocimiento; existen posicionamientos diversos en torno a las agendas científicas que deben guiar el desarrollo de una nación y la creación de esos posicionamientos debe dar apertura al diálogo que priorice poder transformar los territorios», esgrime la ministra, oriunda de Tumaco, en la región del Pacífico.

Precisamente en Tumaco y otros lugares como Buenaventura o Barbacoas -recuerda la ministra- «la gente está todo el tiempo construyendo innovaciones».

«Justamente esas innovaciones comunitarias, que algunas son de alcance tecnológico, les han permitido sobrevivir a décadas de violencias estructurales y del conflicto armado», dice.

Por eso, juntar las elitistas comunidades científicas de las ciudades y las locales de las regiones puede suponer «una apropiación social de la tecnología que genera unos procesos de gobernanza a largo plazo en los territorios».

«Yo estoy muy contenta por las conversaciones que hemos sostenido con diversos sectores porque sí es en este Gobierno que la ciencia comienza a verse como un gran programa de país donde nadie se queda atrás en la toma de decisiones», destaca Olaya.

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