13 de julio de 2026

Fenómeno de El Niño avanza hacia una intensidad histórica este año

El Centro de Predicción Climática alertó sobre un incremento térmico en el Pacífico que alterará el clima global hasta 2027.

Las variaciones en las condiciones climáticas del planeta amenazan con alcanzar niveles sin precedentes en las próximas semanas. En este sentido, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos informó que el fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico. Los modelos científicos indican que existe una alta probabilidad de que este evento se posicione como uno de los más severos documentados en los últimos 75 años.

Registros térmicos alarmantes en el Pacífico

La anomalía térmica se manifiesta con fuerza a través del monitoreo satelital. Por lo tanto, los especialistas detectaron que las temperaturas de la superficie marina superan en un grado centígrado o más los promedios habituales en las zonas ecuatoriales centrales y orientales. De igual manera, el organismo asignó un 81% de probabilidades a la posibilidad de que este ciclo se transforme en un evento de extrema magnitud, emulando los registros históricos medidos desde 1950. De hecho, algunos sectores específicos ya reportaron picos térmicos de hasta 2,7 grados por encima de lo normal.

A pesar de que las proyecciones son severas, los analistas aclaran que los efectos no se replican con la misma exactitud en todas las regiones del planeta. No obstante, las autoridades meteorológicas coinciden en que un evento robusto incrementa sustancialmente las posibilidades de sufrir consecuencias extremas. Asimismo, las estimaciones señalan un 97% de certeza de que el fenómeno extienda su presencia hasta los primeros meses de la primavera de 2027.

Impacto en la economía y seguridad internacional

En consecuencia, los mercados financieros, los operadores bursátiles y los gobiernos mantienen un monitoreo riguroso sobre este panorama. La evolución de El Niño resulta determinante para prever sequías, inundaciones u olas de frío que desestabilizan las actividades productivas.

Por ejemplo, su desarrollo genera una fuerte cizalladura del viento en el Caribe, frenando temporalmente la formación de huracanes en el Atlántico. Por el contrario, el fenómeno suele provocar inviernos muy húmedos al sur del territorio estadounidense, mientras eleva críticamente las alertas por incendios forestales en naciones como Australia.