El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, rechazó la posibilidad de que el país participe en una operación militar en el estrecho de Ormuz. Esta decisión responde a la petición liderada por Estados Unidos para que los socios de la OTAN refuercen la seguridad del tráfico marítimo.
España mantiene así su postura de no extender el mandato de la operación europea Áspides hacia este nuevo foco de conflicto. La propuesta buscaba que la fuerza naval de la Unión Europea, se desplazara al estrecho para mitigar la inestabilidad energética global.
Sin embargo, el canciller de España ha sido tajante al priorizar la vía diplomática sobre la fuerza:
«Creemos que la operación Áspides y el mandato actual es el correcto y por lo tanto no es necesario introducir ninguna modificación», afirmó Albares durante el Consejo de Asuntos Exteriores en Bruselas.
El Gobierno de España sostiene que la solución a la crisis de suministros y al alza de los combustibles no es bélica, sino política. Albares insistió en que el objetivo principal debe ser la desescalada en Oriente Medio, subrayando que «la solución puramente militar nunca es realmente una solución». Para este, cualquier intervención adicional solo serviría para añadir tensión a un escenario ya crítico por la confrontación directa entre potencias.
Desde el inicio de las hostilidades contra Irán, Madrid se ha mostrado crítico con las acciones que vulneran el derecho internacional. Con esta negativa, España se desmarca de la estrategia de confrontación y apuesta por un cese inmediato de los bombardeos, defendiendo que «la solución tiene que ser que termine esta guerra».
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