11 de enero de 2026

Presidente Maduro y Primera Dama Cilia Flores son prisioneros de guerra: Amparo en Convenios de Ginebra

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se declaró prisionero de guerra tras el secuestro que sufrió junto a su esposa, Cilia Flores, durante una intervención militar de Estados Unidos. En una audiencia de presentación de cargos ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, Maduro afirmó: “Soy Nicolás Maduro Moros, presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Fui secuestrado en una intervención militar de Estados Unidos, soy prisionero de guerra y me apego a los convenios de Ginebra”.

Al invocar el tercer Convenio de Ginebra, adoptado en 1949, Maduro busca proteger sus derechos bajo el derecho humanitario internacional. Este convenio establece que los prisioneros de guerra deben recibir un trato humanitario en toda circunstancia, protegiéndolos de actos de violencia, intimidación y curiosidad pública. Aunque Estados Unidos, a través de su expresidente Donald Trump, ha declarado que no está en guerra con Venezuela, el Comité Internacional de la Cruz Roja indica que no es necesario que haya una guerra declarada para que se considere un conflicto armado internacional.

El estatus de prisionero de guerra, según el convenio, se aplica a miembros de las fuerzas armadas que han caído en manos de la parte adversaria. Maduro, como presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, se ampara en esta normativa para argumentar su situación. El convenio también establece condiciones mínimas aceptables para los detenidos, incluyendo aspectos relativos a alojamiento, alimentación, higiene y asistencia médica.

A pesar de la defensa de Maduro, el proceso legal avanza con la próxima audiencia programada para el 17 de marzo, y se anticipa que el juicio podría extenderse hasta un año. La situación ha generado un intenso debate sobre las implicaciones del derecho internacional humanitario y el tratamiento de los líderes políticos en contextos de conflicto armado.

El caso de Maduro podría sentar un precedente importante en la interpretación de los convenios de Ginebra y sus aplicaciones en conflictos contemporáneos, mientras el mundo observa de cerca el desarrollo de este inusual proceso judicial.