La ‘epidemia’ de noticias falsas que científicos y comunicadores intentan contener en Argentina mientras sigue la lucha contra el coronavirus


El crecimiento de la desinformación tras la propagación del nuevo virus llevó a que diferentes especialistas se organicen para alertar a la población y derribar las mentiras que más circulan en las redes sociales.

A fines de abril, la Justicia de Argentina decidió tomar medidas preventivas contra la propagación del coronavirus en las cárceles del país, tras seguir las recomendaciones de organismos internacionales sobre el tema y luego de que trascendiera que dos agentes penitenciarios dieran positivo en las pruebas de detección por el covid-19. Sin embargo, la disposición ─que otorga prisión domiciliaria temporal a presos que hayan cometido delitos leves y formen parte de la población en riesgo─, causó pavor en numerosos sectores de la sociedad e instaló un debate mediático que propició la generación de numerosas noticias falsas.

La principal desinformación llegó en modo de premisa a las redes sociales: «Masiva liberación de violadores y abusadores sexuales por parte del Gobierno», se leía en tuits, posteos de Facebook e historias de Instagram. El mensaje era erróneo: los presos por ese delito no estaban dentro de las recomendaciones de la Justicia y, por otro lado, su porcentaje representaba un mínimo en comparación con el resto de la población carcelaria. Aunque sí existieron casos puntuales de jueces que, a su interpretación, liberaron internos con penas por agresión sexual, las noticias en torno a la medida se distorsionaron por completo.

La difusión errónea sobre las excarcelaciones temporales en medio de la emergencia sanitaria no solo fue compartida por personas mediáticas e influyentes en las redes sociales, aumentando la circulación de estas, sino también por funcionarios públicos. Tal es el caso de la jueza Julia Márquez, magistrada de la provincia de Buenos Aires que, ante la prensa local, realizó una impactante revelación: 176 personas condenadas por delitos sexuales, según presuntos datos oficiales, habían sido liberadas en aquel distrito en tan solo un día.También, agregó, que «1.076 personas con delitos contra la propiedad» y otras «276 con delitos contra las personas» también habían recibido el beneficio.

Las cifras fueron desmentidas de inmediato por los tribunales y autoridades penales de la jurisdicción y la magistrada, tras hablar nuevamente con los medios, se desdijo de lo anterior. Sin embargo, su primer mensaje ya había penetrado en la opinión pública, generando temor y desconcierto en la población. Márquez, finalmente, fue denunciada por el Foro Nacional de Abogados Penalistas, acusada judicialmente de «difundir datos con el fin de generar en la sociedad alarma y preocupación».

La propagación del coronavirus y las medidas de confinamiento obligatorio en el país sudamericano han generado la aparición de otra epidemia: las noticias falsas. Aunque su circulación no es nueva, el aumento en el consumo de Internet y las redes sociales de los últimos meses han generado que un caudal de información falaz invada la comunidad virtual al mismo tiempo. Este escenario, conocido como ‘infodemia’, contribuyó también a la aparición de una solución: especialistas que se unieron para contrarrestar su tráfico viral y, de esta manera, concientizar a la población.

«Retractarse por viralizar una noticia falsa no conmueve a los usuarios»

Natalia Aruguete es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y doctora en Ciencias Sociales. A mediados de abril, junto al politólogo Ernesto Calvo, publicaron el libro ‘Fake News, trolls y otros encantos’ donde los especialistas intentan explicar, entre otras cosas, las razones por las que una noticia falsa se vuelve viral y el efecto que genera cuando se reproduce en la red.

«Hay dos grandes motivaciones para compartir una noticia falsa», enuncia Aruguete. «Una es voluntaria y omnisciente. Es decir, el usuario tiene una clara intencionalidad de generar daño y no de emitir una información», puntualiza. En el caso de Twitter, explica la especialista, esto incluye a cuentas falsas (trolls), usuarios jerárquicos con muchos seguidores y personas que lo hacen sin ninguna estrategia en particular. «Unas de las tipificaciones que señalamos allí es la de la motivación expresiva. Tus palabras son acciones. Prima la intención de lastimar, de expresar un sentimiento, por encima de cualquier otra cosa», completa.

En cuanto a la segunda motivación, la autora del libro destaca a las acciones no conscientes: «Se los llama sesgos cognitivos», confiere. Este concepto se alinea con las personas que, teniendo una premisa o prejuicio previo sobre algún tema, refuerzan su teoría «con información y datos que ellos mismos perciben, sin certezas claras, como verdaderos». 

Lo descrito por la investigadora ocurrió precisamente en un reconocido programa de televisión local a fines de abril. El periodista y conductor, Jonatan Viale, cubría la captura en vivo de un asaltante que la Justicia había liberado recientemente. Viale apuntó duramente contra el Gobierno por «liberar presos» en medio de la pandemia. Finalmente, se comprobó que el delincuente había sido liberado por otros motivos que nada tenían que ver con el coronavirus. El periodista, luego, se retractó en su cuenta de Twitter.

«Por un lado hay un sesgo inicial que te lleva a unir evidencias que confirmen tu prejuicio. Ese mensaje, sin embargo, puede ser levantado luego por usuarios más influyentes dentro de una comunidad, incrementando la circulación de la noticia», advierte Aruguete.

Lo llamativo de esto, señala la especialista, es que cuando esa persona se percata que la noticia era falsa y decide comunicarlo en su cuenta, la viralización de su mensaje es prácticamente nula. «Retractarse por publicar una noticia falsa no conmueve hoy a los usuarios. La corrección del error deja de ser coherente con los intereses de sus seguidores en la red»,finaliza la autora.

La ciencia al rescate

El aumento de noticias falsas referidas a la salud desde que empezó la pandemia generó preocupación en las autoridades médicas del país sudamericano. Informaciones dudosas ─escondidas en rótulos como ‘revelaciones médicas’, ‘remedios caseros’ o ‘curas definitivas’ del mortífero virus─, circularon velozmente entre los ciudadanos. Este contexto, en consecuencia, llevó a que la ciencia se organice conjuntamente para combatir la epidemia de la desinformación.

Fue así como nació ‘Ciencia Anti Fake News’ (noticias falsas en inglés), un grupo de 16 científicos integrantes del CONICET que se unieron para colocar a la ciencia al servicio de la comunidad. Según cuenta Soledad Gori, bióloga y referente del proyecto, su objetivo es «humanizar» una disciplina que se percibe compleja y distante para el resto de la sociedad a través de la comunicación pública.

«A muchos científicos nos preocupaba cómo aportar a la sociedad desde nuestras especialidades en un momento tan particular», explica la bióloga. «Los que conocíamos las técnicas moleculares que se utilizan para ciertos diagnósticos nos ofrecimos primeramente como voluntarios al Ministerio de Salud, pero queríamos aportar más», remarca.

La cantidad de noticias erróneas y tergiversadas que llegaban a sus familiares y conocidos fue el detonante para que los investigadores se autoconvoquen por fuera del organismo. De esta manera, los 16 expertos ─entre biólogos, biotecnólogos y bioquímicos─ comenzaron a trabajar colectivamente contra el aumento de la infodemia.

Los 16 científicos integrantes de ‘Ciencia Anti Fake News’ .Cortesía de ‘Ciencia Anti Fake News’

Mediante las redes sociales, y con gestión remota, el grupo expuso las mentiras más comunes en torno al virus, utilizando formatos didácticos y un lenguaje claro. «Le ofrecemos a la gente que está en sus casas una respuesta concreta, basada en evidencias científicas, frente a algunas noticias en circulación», precisa Gori.

Su modalidad de trabajo es ardua y metódica. Poseen tres comisiones para el tratamiento de las noticias: la primera se encarga de la clasificación y el chequeo; la segunda investiga las evidencias teóricas que existen sobre el tema en cuestión y la tercera adapta el lenguaje técnico de los contenidos científicos a una jerga más coloquial para que pueda ser entendido por todos.

«Al mismo tiempo que comenzábamos a armar las primeras comisiones de trabajo, ofrecimos este proyecto al CONICET, organismo que nos emplea a todos y que fue muy receptivo», confiere la especialista. Recientemente, el ente estatal le comunicó al grupo que sus contenidos también serían replicados por ConfiAR, una plataforma dedicada a la verificación de datos creada por Télam, la Agencia Nacional de Noticias.

Sin embargo, la científica advierte que la llegada de un virus tan nuevo como el covid-19 dificulta muchas veces la capacidad de indagación: «La información cambia todo el tiempo y hay muchas cosas que no pueden determinarse si son verdaderas o falsas, simplemente porque no se cuenta con suficientes estudios o los que hay no son del todo concluyentes».

Entre las mentiras más usuales que el equipo detectó se encuentran, entre otras, el uso del dióxido de cloro como ‘médicamente milagroso’: «Muchas personas empezaron a comprarlo en plataformas virtuales y es tóxico», afirma Gori. Beber desinfectante, como sugirió el mandatario Donald Trump, también fue una falacia derribada por los expertos. Otra premisa habitual que fue desmentida es la inmunidad de contagio tras recuperarse del virus: «Los anticuerpos generados no necesariamente implican que nos van a proteger de una reinfección. No hay evidencia que demuestre cuánto duran en el cuerpo y a qué niveles se mantienen», advierte la integrante de ‘Ciencia Anti Fake News’.

Concientizar desde los balcones

La batalla contra la infodemia en el confinamiento no es solo un terreno para investigadores y científicos. Así lo demuestra el colectivo ‘Mirá!’, un grupo de comunicadores, diseñadores, arquitectos y expertos en imagen que decidieron intervenir distintas ciudades del país para enviarle un mensaje nocturno a la comunidad: ¡Cuidado con las noticias falsas!

El proyecto ─presentado a concurso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para frenar la propagación del virus─, combina recursos ilustrativos para articular una comunicación urbana en barrios de la ciudad. Para ello, en el contexto de encierro, utilizan diferentes proyectores con imágenes que se despliegan sobre los edificios en la noche. En esas piezas, el colectivo invita a los vecinos a participar de algunas trivias y juegos sobre el covid-19 desde la comodidad de sus balcones o ventanas.

Cortesía del Colectivo Mirá!

«Lo pensamos como una herramienta que nos permitía reacceder al espacio público en medio de la restricción», explica Marianella Muller, arquitecta e integrante de Mirá! en Buenos Aires. Las trivias proyectadas, sustentadas con información de organismos oficiales, están enfocadas en derrumbar la desinformación en torno al virus. «Es una invitación a reflexionar», remarca.

Mariano Pociello, diseñador gráfico e integrante del proyecto en la provincia de Córdoba, agrega que su objetivo es «combatir las noticias falsas con la creatividad». «Cuando pensamos ciertas acciones, ya pasan a ser de la comunidad, pasa a ser público, se integran a la ciudad misma», admite.

En ese sentido, el colectivo planea centrar sus próximas intervenciones en los pequeños comercios de los vecindarios, diezmados por la crisis sanitaria. «Queremos revalorizar al comerciante del barrio y fortalecer los lazos de cercanía entre los vecinos», completa Muller.

Fuente: Aguacatetv.com/(RT)

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